El año internacional de la quinua y sus secuelas

La FAO nominó al 2013 como “El Año Internacional de la Quinua” y, con eso, se generó una “publicidad” extra a nivel mundial sobre los beneficios de incluirla dentro de la dieta de cada país, haciendo énfasis en sus propiedades nutricionales. La quinua contiene más de 14% de proteínas, todos los aminoácidos esenciales, los que el cuerpo humano no produce y, por lo tanto, se tienen que ingerir tal cual son obtenidos de la naturaleza. Destacan también su condición de libre de gluten y la adaptabilidad del cultivo a climas agrestes (terrenos salinos, degradados y que cuentan con poca humedad).

Por un lado, esto genera que la tendencia del consumo mundial muestre un incremento considerable, y se refleja en una necesidad de importación de quinua por parte de los países desarrollados que veían a Perú y Bolivia como la única fuente de aprovisionamiento.

Lo antes expuesto llevó a una disputa por parte de los acopiadores, al tratar de captar hasta el último grano que se cosechara durante el 2013 para destinarlo a satisfacer la demanda externa. Es claro que los hábitos alimenticios de la gente del ande son difíciles de cambiar y eso implicó que, para atender la demanda de 2013, se tenga que adquirir parte de la producción andina destinada al autoconsumo y, para lograrlo, lo único que quedaba era ofrecer al agricultor precios cada vez más altos a cambio de que “deje de comer quinua” y en su lugar, con el dinero recibido, pueda comprar mayor cantidad de otros alimentos, así sean estos menos nutritivos.

Miremos el 2013 de manera particular:

Cosecha 2013: Perú-> 54milTM Bolivia-> 61mil TMP+B-> 82mil TM
Consumo Interno: Perú-> 22mil TM Bolivia-> 33mil TMP+B-> 55mil TM
Exportaciones:Perú-> 19mil TMBolivia-> 35mil TMP+B-> 54mil TM

Stock final = Stock inicial + Cosecha – Consumo Interno – Exportaciones = 11+82-55-54 = -16mil TM 

Vemos como, de un año al otro, las exportaciones pasaron de 37mil a 54mil TM (+46%), mientras que el consumo interno teórico pasó de 53mil a 55mil TM (crecimiento vegetativo). La realidad, a fines del 2013, fue que todos los actores de la cadena (exportadores, plantas procesadoras y acopiadores) se “arranchaban” los lotes, y eso provocó que el precio pagado a los agricultores en campo subiera de +/- S/ 6 x Kg, que se pagada durante 2013, hasta valores por encima de los S/ 10 x Kg, todo con tal de que se lograse completar un lote para procesarlo con miras a la exportación. Esto tuvo como consecuencia que el precio FOB subiese de USD 3.00 x Kg a niveles de USD 6.00 x Kg para la quinua orgánica boliviana, que se caracteriza por un grano grande y de color blanco cremoso. Aunque, ante un clima de escases, todos los gatos son pardos, y rápidamente la quinua peruana empezó a venderse a los mismos niveles de precios para atender mercados “orgánicos” sin que el origen de la misma sea realmente ese.

¿Qué sucedió durante el 2013?

1.- La entonces primera dama había sido nombrada por la FAO como “Embajadora de la Quinua” y, utilizando todo el aparato estatal, fomentó siembras de quinua en zonas donde nunca antes se había sembrado (ni siquiera se habían hecho pruebas de adaptabilidad), por lo que el 2014 nos sorprendió con quinuas costeñas (desde Ica hasta Piura) sembradas a nivel del mar, en climas húmedos y que no desarrollan color de grano similar a lo que ocurre en los climas secos; peor aún, con costos altos y rendimientos muy malos en Kg/ha. 

2.- Los altos precios percibidos en campo fomentaron la sustitución de cultivos de menor rentabilidad, por lo que se incrementaron notablemente las áreas sembradas con quinua en la Sierra, en algunos casos dejándose al olvido las costumbres ancestrales de trabajo en aynocas y, en el peor de ellos, no se dejó descansar la tierra o no se la rotó con otros cultivos tradicionales como era la usanza regular.

3.- La demanda internacional fue tan abrumadora que los habituales importadores de alimentos forzaban a sus proveedores a que les consigan quinoa, no siendo esta parte de su portafolio de productos y con el correspondiente grado de ignorancia que trae consigo que un proveedor no habitual ingrese a un mercado nuevo sin mucha información científica disponible. Peor aún, incitado por una voraz demanda, a precios que le podían dejar márgenes de aproximadamente USD 40,000 x FCL exportado.

El desorden iniciado en 2013 vio sus tristes resultados en las campañas 2014-2015. Recordemos que el agro obliga a una siembra anticipada y lo normal es que las cosechas de abril hayan sido trabajadas desde setiembre del año anterior, por lo que la suerte de las cosechas ya estaba echada al ruedo desde mucho antes de que el año de cosecha se ejecute.

Con dos años consecutivos de cosechas, que superaron las 200mil TM anuales, era previsible que el mercado no iba a poder absorber toda la producción, y que se empezarían a generar sobre stocks. El real problema fue que los stocks empezaron a acumularse año tras año, llegando, a fines de 2015, a tenerse una cantidad superior a las 150mil TM en almacenes de origen (Perú+Bolivia); lo que trajo como consecuencia que las ofertas empiecen a “pelear” por conseguir quién las acepte y como resultado inmediato la caída del precio FOB.

El Quinquenio Oscuro (2014-2018)

2013 sembró desorden en un mercado que había venido desarrollándose de manera sostenida, los altos precios de la materia prima en campo generaron sobreproducción durante 2014-2015, sin que la demanda fuera capaz de absorberla; era inminente el inicio de una crisis en la que muchos de los actores iban a salir lastimados.

Para 2014 los exportadores tradicionales de quinua habían consolidado mercados importantes tanto en USA como en Europa, y la ingrata experiencia de 2013, donde faltaba producción para abastecer todas las intenciones de compra, hizo que los exportadores bajasen al campo a fomentar siembras bajo contrato, para así garantizar el abastecimiento. Sin embargo, los precios ofrecidos generaron expectativa en otros agricultores (incluso de zonas no habituales a la siembra de quinua) a tentar suerte y probar con siembras en contra estación a lo que habitualmente sucede en la Sierra; fue muy conocido el caso de una cadena organizada por ALICORP, que desplegó toda su capacidad para acopiar más de 7,000TM a muy buenos precios para el agricultor, sin tener el control y conocimiento de los requisitos químicos (pesticidas) que se exigía para la quinua en los mercados de destino. Otras grandes empresas, agroexportadoras de hortalizas y frutales, destinaron gran parte de su área a la siembra de quinua en la costa norte peruana. ¡Las pérdidas fueron millonarias!

Como a nadie le gusta exponer sus errores, las cifras empezaron a “esconderse” y la información (que nunca ha sido buena y suficiente) ahora simplemente ya no era ni confiable ni disponible; por lo que las campañas 2016-2017 y 2018 tuvieron que ser sembradas por la intuición, más que por la razón.Nadie sabía qué pasaba en realidad. Mientras por un lado las exportaciones seguían creciendo, el precio FOB bajaba y, pese a eso, seguían apareciendo lotes de materia prima dispuestos a venderse a “lo que pague el mercado”, con tal de desaparecerlos. Tuvimos que esperar hasta fines del 2018 para que se recupere la normalidad de lo que siempre ocurría en el mercado, por lo que recién se pudieron cuadrar las cifras (medianamente confiables) e igualar la Producción al Consumo, teniendo que partir ahora del total para poder identificar cada una de las partes, de tal manera que:

Cosecha 2014-2018:790mil TM(Perú + Bolivia) 
Exportaciones 2014-2018:390mil TM(Perú + Bolivia) 
Consumo Interno 2014-2018:301mil TM(Perú + Bolivia) -> +/- 1,5 per cápita.

A lo que se empezaron a sumar cosechas de otros países (Cosecha Extra-Andina) que es muy difícil de estimar, pero que no creo hayan superado las 60mil TM durante todo el periodo 2014-2018.

Ahora bien, considerando que a fines de 2013 “no había lotes” en exceso, e igual situación ocurrió a fines de 2018, se puede afirmar que todo lo cosechado entre Perú, Bolivia y la cosecha Extra-Andina fue consumido por el mundo entero, según:

Consumo mundial de quinua 2014-2018 = 790mil TM + 60mil TM = 850mil TM Promedio anual = 850mil TM / 5 años = 170mil TM / año 5

Esto nos hace suponer que, a fines de 2018, prácticamente no quedaba stock (igual que a fines de 2013) o, a lo sumo, se tenía stock que sirvió para cubrir el 1er trimestre de 2019, no más de 30 a 40mil TM entre Perú y Bolivia.

Todo confluye lógicamente: los precios de exportación subieron cuando hubo más demanda que oferta y cayeron tan pronto la oferta superó a la demanda. Eso implicaba que los precios pagados a los agricultores por la materia prima en campo guardasen relación directa con el precio FOB. Pero, como se mencionó anteriormente, para el año 2014-2015, se había introducido un esquema de trabajo diferente (los contratos de siembra), por lo que las empresas exportadoras calculaban el precio que podían pagar por la materia prima como resultado de un precio FOB de USD 6.00 x Kg (logrado a fines de 2013) y, considerando jugosos márgenes (30%) y los costos de producción y mermas de proceso, permitían pagar al agricultor la friolera de S/ 10.00 x Kg por la quinua trillada puesta en chacra.

Cuando, durante el año 2016, el precio empezó a caer, era insostenible seguir respetando los contratos a precios de S/ 10.00, ni siquiera era viable a S/ 8.00 x Kg de materia prima sin que se perdiera al exportar. Grandes empresas que habían generado stock de materia prima quebraron y, los que tenían el compromiso firmado con los agricultores a precios arriba de S/ 6.00 x Kg, tuvieron que desconocer los contratos firmados, valiéndose de las “herramientas que tuvieron a la mano”, una de ellas fue el nivel de residuos de pesticidas, que hasta antes de 2014 no era un factor de revisión por parte de los compradores de materia prima, este empezó a ser el “salvavidas” que les permitió sobrevivir, dejando muy mal parados a los agricultores que nunca habían sido instruidos sobre la no aplicación de agroquímicos en sus cultivos. Todas las siembras de costa fueron observadas por los exportadores, ya que utilizaron como patrón la “Quinua Orgánica” y usaron análisis de laboratorios que daban una precisión de 0.001ppm como residual de 350 metabolitos analizados, por lo que siempre salía con trazas y se incumplía con las “condiciones pactadas”. Pude ver otros casos, no tan comunes, en los que el argumento utilizado fue la presencia de impurezas en la materia prima, cosa que es normal en un producto agrícola extraído directamente del campo que no ha pasado por algún proceso de limpieza. Sin embargo, en esa situación, cualquier argumento indicado en las letras pequeñas del contrato era válido para evitar la quiebra y trasladar el problema al agricultor.

La noticia, exagerada por los medios de prensa, sobre un rechazo de varios contenedores exportados a USA durante el primer semestre de 2014, fue el detonante que sirvió a los exportadores para aplicar las medidas más estrictas sobre la producción contratada y deslindarse de sus obligaciones. Lo cierto fue que, durante el 2014, se detectaron 10FCL (200TM) embarcados a USA como quinua convencional. Sin embargo, la FDA no permitía presencia de pesticidas en quinua, no por considerarse dañinas, sino porque no se había demostrado la concentración aceptable de cada molécula como sí existía para otros granos y cereales, por lo que en 2014 solo se permitía el ingreso de quinua con presencia de glifosato (< 5ppm),mientras que las moléculas detectadas (diferentes del glifosato) tenían una residualidad de < 0.01ppm, pero no estaban dentro de las “moléculas permitidas para la quinua”. Vale la pena aclarar que, para el mercado europeo, a esa misma fecha, la quinua permitía más de 200 moléculas de pesticidas con una residualidad de entre 0.01ppm y hasta 0.03ppm inclusive. Sin embargo, estos límites los ponen los países de destino en salvaguarda del consumo de sus habitantes y, como la quinua no era un producto que se cultivase intensivamente a nivel mundial, las empresas fabricantes de agroquímicos no habían gestionado ante la EPA y la FDA la permisibilidad de las moléculas que utilizaban para sus agroquímicos en relación a la residualidad tolerante para la quinua de consumo humano. Recién en 2017 se incrementó 4 moléculas permitidas por USA y actualmente ya son 11.

Ese rechazo fue capitalizado por Bolivia, que buscó diferenciar su quinua orgánica de la quinua peruana, y a su vez los productores de Puno sobre los agricultores de otras zonas de Perú, cuando en realidad todos tenían “rabo de paja”; porque tanto crecimiento de áreas sembradas había llevado a muchos nuevos actores que incursionaban en el agro, y a otros que siendo agricultores por primera vez sembraban quinua, apoyados por el “boom” y asesorados por las muchas cadenas productivas que se armaron en busca de mejorar el rendimiento, y que cayeron en el uso de fertilizantes y pesticidas químicos, ninguno permitido en la producción convencional para el mercado de USA.Las cartas ya estaban jugadas, el precio FOB cayó todos los meses a lo largo de 2016. Los stocks estaban en manos de exportadores que no sabían cómo paliar su crisis financiera, originada por haber comprado a precio caro, o en manos de los agricultores que se negaban a vender a los nuevos precios de compra de materia prima y que tuvieron que quedarse con esos stocks durante algunos años (felizmente el grano dura de 2 a 3 años almacenado en condiciones de clima seco). Los nuevos agricultores de quinua desaparecieron para el 2016, dos de los cinco más grandes exportadores peruanos quebraron, y estimo que ALICORP perdió un aproximado de USD 20 millones, y nunca más quiso saber del negocio de la quinua.