El buen juicio: Una cualidad importante de poseer

La semana pasada fuimos testigos del cambio de gabinete en nuestro país; sin duda, las personas en cargos políticos han tenido decisiones difíciles que afrontar durante la pandemia. Los ciudadanos, ahora mismo, al estar la mayoría de las actividades abiertas, debemos decidir la mejor forma de cuidarnos y evaluar cuánto riesgo personal queremos asumir. En el ámbito empresarial sucede lo mismo, los gerentes se han visto obligados a tomar decisiones difíciles para mantener o reinventar sus operaciones.

Una cualidad fundamental, con la que a todos nos gustaría contar, es el buen juicio. Andrew Likierman, de London Business School, define al juicio como “la combinación de cualidades personales, con conocimiento y experiencia relevantes, para formar opinión y tomar buenas decisiones”. El profesor Likierman también nos explica que, el camino hacia el buen juicio, implica un proceso:

  1. Tomar información.
  2. Decidir en quién y en qué confiar.
  3. Resumir el conocimiento personal.
  4. Verificar las creencias o sentimientos anteriores.
  5. Resumir las opciones disponibles.
  6. Tomar la decisión.

En cada una de estas etapas, que resultan en la toma de una decisión, las personas responsables deben hacerse algunas preguntas: ¿Cuentan con la experiencia y los conocimientos necesarios para elegir? ¿Es práctica la opción final a tomar? Aquellos con buen juicio sabrán cuándo no poseen la experiencia para tomar una decisión y, por lo general, buscarán el consejo de alguien que tenga los antecedentes y el conocimiento adecuados.

El grado de buen juicio requerido tiende a aumentar en medida que las responsabilidades asumidas lo hacen. Las personas sujetas a tareas rutinarias suelen tener un alcance limitado para el juicio. Sin embargo, para un gerente, o un político al mando, la proporción de decisiones que involucran un buen juicio es alta. Decidir no tomar medidas también es un juicio con consecuencias, algunas veces potencialmente graves (por ejemplo, “no usaré tapaboca”, “no pagaré mis impuestos”). El mundo está lleno de personas cuya falta de juicio hizo que sus carreras, o sus vidas personales, se derrumbasen.

Es por eso la importancia de reconocer a quiénes podrían tener un buen juicio, personas con capacidad de escucha, conscientes de sí mismas y que comprenden mejor a sus semejantes. Los juiciosos tienden a tener una amplia gama de experiencias y relaciones que les permiten reconocer paralelismos o analogías que otros pierden.

Existe también la otra cara de la moneda, aquellos que carecen de buen juicio, quienes pueden tener un tipo incorrecto de características, una tendencia a ignorar a los demás, a apegarse a las reglas independientemente del contexto o a apresurarse a la acción sin reflexionar.

Traigo esta reflexión con la esperanza de que nuestros líderes políticos, al momento de tomar decisiones que nos afectan a todos, gocen de buen juicio. También exhorto a la comunidad de la ECC a ser juiciosos para proteger su salud y la de sus seres queridos. Finalmente, guardo la esperanza de que nuestros líderes empresariales, ahora que los necesitamos más que nunca para reactivar la economía, utilicen el buen juicio al momento de la toma de decisiones.