La atención pediátrica durante la pandemia, un reto a la confianza entre los padres y el pediatra

La atención médica, como toda actividad prestataria de servicios, se ha visto afectada a raíz de la coyuntura actual de la presente pandemia. Esta área, en general, se enfrenta a un gran reto: cómo realizar o saltar la brecha del examen físico con el máximo de seguridad para el paciente y el médico, o cómo suplir las necesidades inmediatas de la demanda de atención médica.

La situación se torna más álgida en la atención pediátrica, ya que son los niños, el tesoro más importante de sus padres, quienes estarán expuestos a esta circunstancia. Es por ello que, en el ámbito pediátrico, padres y pediatras deben orientarse a unir esfuerzos para el bien de ambas partes, lo que se reduce a una palabra: confianza.

¿Qué condiciones necesita el ambiente de la consulta pediátrica?

La consulta pediátrica deberá realizarse en una institución, o consulta privada, que garantice la seguridad de padres y niños (confianza 1).

Este ambiente debe ser confortable, con una sala de espera amplia, que reciba limpieza continua. No existen, de momento, estándares específicos con respecto a la frecuencia en que esta deba realizarse, pero podríamos considerar una exhaustiva una vez al día y una menor luego de cada atención.

También será necesaria la no presencia de juegos pediátricos, que son comunes en la consulta de niños.

Se debe llevar un debido registro de horarios a cumplirse al detalle tanto por parte del pediatra como de los padres. La puntualidad rigurosa evitará el contacto con otras personas que llegan a turnos posteriores (confianza 2).

Ya dentro del área de consulta el ambiente debe tener una perfecta ventilación, a la cual se agregarán los estándares universales de cuidado frente a este virus: el uso correcto de mascarillas por parte de todos los involucrados, el distanciamiento igual o mayor a un metro, el correcto lavado de manos de parte del pediatra (confianza 3) y el examen físico con uso de guantes desechables. Todas estas pautas ayudarán a minimizar los riesgos tanto para el niño como para los padres y el pediatra (confianza 4).

En relación a lo expuesto en el párrafo anterior, este podría considerar dos probables excepciones: el uso de mascarilla en lactantes menores de tres años, debido a la dificultad de tolerancia a las mascarillas a esta edad, y el ingreso de los dos progenitores a la consulta. En ambos casos las excepciones serán relativas y deben quedar a consideración tanto de los padres como del pediatra. Si el niño no presenta presuntivamente signos de infección para el COVID-19, y el espacio del consultorio lo permite, puede manejarse del modo tradicional (confianza 5).

Es importante señalar a los padres que, en estos momentos que vivimos, es prudente llevar a cabo solo las consultas pediátricas estrictamente necesarias, pero que estas no deben ser abolidas cuando según su calendario de atención o vacunas se requieran. A pesar de ello, la demanda del pediatra ante la necesidad de los padres de respuestas a dudas y temores, que se intensifican con la coyuntura actual, en especial en aquellos que han sido padres por primera vez, aunada a la necesidad de sentirse acompañados en el crecimiento de sus hijos, va en aumento.

Es por esto que la telemedicina, a través de video consulta, es una herramienta extraordinaria que puede llegar a complementar la evaluación pediátrica y resolver preguntas de los padres. Sin embargo, esta fabulosa herramienta, debe completarse siempre con un examen físico rutinario programado, ya que de momento no existe tecnología que reemplace con eficacia el examen físico hacia el niño y que nos permita asegurar a los padres que su hijo está en perfectas condiciones (confianza 6).

Por lo expuesto, podemos ver que la atención pediátrica, como toda actividad, debe adaptarse a las exigencias de salubridad que nos permiten limitar la expansión del virus que nos aqueja. La consulta pediátrica es como cualquier actividad a realizarse en este nuevo esquema de vida cotidiana; como trabajar de manera presencial, ir de compras, usar el transporte público o la interacción en general con otras personas, que involucran cumplir protocolos básicos, criterios y, en este caso, confianza con el pediatra. Es por ello que en estas líneas he tratado de volcar mi sentir en cuanto a la función del pediatra y la creación del nexo de confianza entre padres y médicos. Es así como deberíamos volver al concepto de “pediatra de cabecera” que es aquel que tiene presentes detalles del niño y la familia, y no se limita a llevar la atención como se tiende hoy en día en muchos establecimientos, con horizontes a la prestación de un solo servicio. Este podría volverse un estupendo momento para reafirmar lazos de confianza, entre padres y pediatras, para el presente y el futuro, en beneficio de los niños.