La pérdida del trabajo

Esta semana he podido conversar con personas que han perdido su trabajo, lamentablemente esta pandemia ha causado consecuencias económicas devastadoras en todas las naciones. En los Estados Unidos más de 35 millones de personas han quedado desempleadas y, en la zona Euro, se espera que el desempleo aumente del 6.7% en 2019 al 9% en 2020. Claro está que, en economías desarrolladas, como Estados Unidos, existen programas de ayuda a los desempleados y en Europa hay programas de trabajo de corto plazo, que ayudan a mitigar el stress financiero de las personas.

En países en vías de desarrollo, como el Perú, estos programas no existen, por lo que la situación se agrava. Solo en Lima, según cifras del INEI, más de 1.2 millones de personas perdieron su empleo entre febrero y abril.

Para estas personas, y sus familias, perder un trabajo provoca un profundo impacto a nivel económico, pero también a nivel emocional, lo que va más allá del aspecto financiero. La realidad es que dedicamos muchas horas al trabajo, y llegamos a darle un significado importante en nuestras vidas. Además de ser nuestro centro laboral, nuestro trabajo es un espacio donde formamos relaciones interpersonales.

He observado que muchos manifiestan sentimientos de vergüenza y enojo al perder el trabajo. Es razonable sentir pena por dejar atrás proyectos, compañeros y un lugar en donde han dedicado, en algunos casos, muchos años de sus vidas. Se trata de un evento estresante, comparable con un duelo, un divorcio o una enfermedad. La incertidumbre es una variable que juega en contra, pues muchas personas, que estaban en industrias fuertemente afectadas, tienen en claro que, lo más probable, es que su trabajo mute a formas muy diferentes a las que estaban acostumbradas.

Reflexionando en cómo transformar este terrible evento en un proceso de cambio positivo, pienso que el manejo de las emociones es la primera tarea a realizar. El hacer que estas emociones se vuelvan menos intensas se puede conseguir con apoyo emocional, mismo que se logra conversando con amigos o, quizá, formando un grupo de apoyo entre personas que pasan por la misma situación.

Otras actividades que controlan el estado emocional, y que ayudan a reducir el nivel de cortisona y adrenalina, que suben cuando las personas se sienten en estado de amenaza, pueden ser ejercitarse, hacer yoga o meditar. El lograr disminuir la intensidad de las emociones, podría restaurar la sensación de control de la situación.

Pensar en futuros escenarios positivos sería lo siguiente que se debería hacer y esto, como yo lo veo, es no quedar atrapados en lo que pasó y no darle vuelta a lo mismo en busca de explicaciones. De nada sirve preguntarse ¿por qué yo?, ¿qué hice mal?, ¿qué hubiese pasado si…?

Plantearse futuros escenarios positivos te llevará a la reflexión sobre cuáles son las cualidades personales y profesionales que podrían servir a la industria en donde te desarrollabas, pero, ahora, bajo las nuevas condiciones post COVID-19. Es probable que encuentres en ti esas cualidades, necesarias para esta “nueva industria”. También podrías preguntarte qué cualidades personales y profesionales puedan servir a otras industrias en las que no tienes experiencia, pero en las que sabes podrías ser un actor importante dentro del panorama de cambios que se nos presenta.

Preguntas como: ¿Qué cualidades personales, y profesionales, pueden ser útiles en mi industria, u otras industrias?, ¿qué parte de mis talentos puedo usar para encontrar oportunidades? o, quizá, ¿qué parte de mí quiero desarrollar en esta “pausa”, para así repotenciar mis habilidades? Son las que traerán consigo el camino a seguir.

Que esta crisis inesperada se convierta en una oportunidad para repensar lo hecho hasta ahora, lo que quieres y cómo construir ese escenario positivo que vislumbras.

Espero puedas lograr un trabajo, o un emprendimiento, que te dé más satisfacciones que el anterior y te haga una mejor persona y profesional.

Mantente positivo y mucha suerte.