La quinua: La nueva normalidad antes del COVID-19

Para fines de 2018 los sobre stocks acumulados de quinua ya estaban consumidos casi en su totalidad, y las producciones (cosechas) de los años 2017-2018 habían sido normales (más o menos 140 a 150mil TM entre Perú y Bolivia). Era momento de entrar en una normalidad de mercado, como si esos años caóticos nunca hubieran existido. La gran diferencia era que se había retrocedido 25% en el precio FOB de casi USD 3.00 por Kg logrado en 2013 a los USD 2.35 por Kg que se marcó para el 2017.

Al cambiar la escala de medición del eje vertical (miles TM) para enfocar mejor las cifras, vemos con claridad una marcada tendencia de incremento en la demanda (línea verde) y que básicamente sustenta su crecimiento en el incremento de las exportaciones (barras blancas) en el cuadro siguiente:

Las exportaciones mostraron un continuo crecimiento hasta el 2017, mientras que en 2018 se nota que crecieron muy poco respecto al año anterior, mucha gente pensó que ya el mercado estaba maduro y que no se podía vender más quinua en el exterior o, por lo menos, eso nos hicieron creer los traders e importadores que siempre buscan argumentar algo que ayude a que el precio no suba. Personalmente concluí que a fines de 2018 ya no quedaba suficiente quinua para que las exportaciones hayan crecido al ritmo anterior, pero también existía la posibilidad de que las cosechas extra-andinas hayan repuntado, y ya no fuese necesario tanto producto importado (aunque lo dudo).

Si damos por ciertas las cifras calculadas para la demanda 2014-2018 y las ponemos junto a la gráfica histórica 2006-2013, tenemos una curva que muestra un crecimiento sostenido, como cualquier producto en los primeros años de su introducción; más aún cuando no se trata de una tendencia originada por alguna moda, sino que tiene su sustento en valores nutricionales y propiedades nutracéuticas asociadas a su consumo; muy aparte de que, por su sabor casi neutro (algunos dicen que ligeramente almendrado), es posible su utilización en diferentes comidas, desde jugos/refrescos, hasta ensaladas, sopas o platos de fondo; ya sea como el alimento protagonista o como guarnición, en postres y hasta incluida en la preparación de cocteles. Solo dependerá de que los chefs de las diferentes culturas gastronómicas la incluyan dentro de sus recetas para ver lo que muchos esperamos como el despegue en el consumo de la quinua a nivel mundial.

La curva de demanda, cuando extraemos el consumo interno de Perú y Bolivia es mucho más representativa del crecimiento que viene experimentando ya que, dado el gran volumen que se consume en los países originarios, la pendiente de la curva resulta engañosa, veamos:

 AÑODEMANDA
(sin P+B)x1,000TM
 % variación
200612.64
200715.9826%
200818.0013%
200920.7715%
201022.468%
201127.8724%
201237.9136%
201349.7131%
201463.5128%
201581.6429%
201694.7416%
2017117.8124%
2018135.8515%
2019160.0918%

Como el crecimiento del consumo interno (P+B) es prácticamente vegetativo, la curva de la demanda mundial (sin P+B) muestra el verdadero factor de crecimiento que a lo largo de los últimos 10 años ha evidenciado un promedio de más 22%, por lo que estimamos que la demanda mundial para este año, 2020, debería estar alrededor de las:

AÑODEMANDA EXTRA- ANDINAx1,000TMCOSECHA EXTRA- ANDINAx1,000TMNECESIDAD MUNDIAL DE IMPORTACIONx1,000TMEXPORTACION REAL P+B x1,000TMCONSUMO INTERNO (P+B)x1,000TMTOTAL COSECHA P+B NECESARIAx1,000TMTOTAL COSECHA P+B REAL x1,000TMObservaciones
201813637998964153124Se cubrió con stock
2019160601009965164145Se notó falta de MP hacia fin de año
2020193+/- 80 ???+/- 113 ?+ 15%?66179155Nuevamente faltaria MP

¿Qué puede pasar con el efecto COVID-19?

Las exportaciones de quinua, durante el primer semestre de 2020, han venido incrementándose vs. el 2019 en un 15%, teniendo registros aún extraoficiales de 7:

PerúEnero-junio 2020:23.2mil TM (a valores de volumen exportado) 
BoliviaEnero-junio 2020:17.6mil TM (a valores de volumen exportado) 

Total exportado Enero-Junio 2020 = 40.8mil TM (quinua PT) = +/- 47.3mil TM (quinua trillada)

El COVID-19 no ha significado un problema para las exportaciones de quinua durante el primer semestre 2020, ya que, al tratarse de un alimento sano, creo que inclusive ha reforzado su consumo en los países desarrollados. El factor negativo podría resultar que la quinua es un alimento caro (a precios de venta del producto empacado en las góndolas de los supermercados de destino) para una realidad económica de crisis mundial. Sin embargo, es sabido que existen márgenes bastante importantes en destino, ya que cuando los precios FOB bajaron de USD 6.00 a USD 2.35 por Kg (-60%), los precios en anaqueles disminuyeron ligeramente su valor; por lo que la cadena de valor agregado en destino es la “candidata” a asumir las ofertas o promociones para que el consumidor sienta a la quinua más al alcance de su bolsillo (en esta etapa de crisis) y, con ello, lograr su fidelización; pues indirectamente se le está apoyando al proveerlo de un alimento sano que lo ayude a fortalecerse y afrontar en mejor condición los efectos de la pandemia.Si las cifras registradas al primer semestre mantienen su normal comportamiento (40% del total de exportaciones anuales), eso nos llevaría a estimar un aproximado de 102mil TM de PT embarcado para el 2020, o lo que es equivalente a 118mil TM de quinua trillada, que se sumaría a un consumo interno de aproximadamente 66mil TM entre Perú y Bolivia (para el año 2020), dando un total de 184mil TM. Según nuestra estimación, si el COVID- 19 no genera un efecto negativo en la demanda, y pese a que la cosecha de abril ha sido buena, no alcanzaría para satisfacer la demanda anual; por lo que aún hay que esperar a que entre agosto y octubre se adicione la campaña chica (Ayacucho y Arequipa), y analizar por trimestres para ver mejor el detalle.

  en miles TM)Cosecha P+BConsumo Interno P+BExportación P+B Stock final 
Ene-Mzo2020016.521.2-2.7
Abril-Jun202014016.526.1+ 94.7
Jul-Set20202016.541.4+ 56.8
Oct-Dic20201016.529.5+ 20.8
Ene – Mzo2021016.54.3 !!!CERO

Tal y como sucede en los “años normales” el precio de la materia prima baja tras la cosecha de abril y, conforme los stocks se van consumiendo, sea por el consumo interno o lo destinado a transformarse (limpiarse) para exportación, se empieza a sentir una sensación de carencia hacia fines del 3er trimestre. Si la cosecha de la campaña chica (básicamente de Ayacucho y Arequipa) no es considerable (p.e. en 2014 bordeó las 40,000TM) el último trimestre del 2020 va a marcar un incremento en el precio a niveles vistos en pleno boom de la quinua, y si es que las cosechas Extra-Andinas no han sido favorables, teniendo en cuenta que se debió haber cosechado en el hemisferio norte antes de que empiece su verano y, para esas fechas, estaban en pleno combate contra el COVID-19, con medidas de confinamiento domiciliario, van a verse efectos similares a los registrados a fines de 2013, cuando la demanda superó ampliamente a la oferta y se le tuvo que pagar un precio atractivo a los agricultores para que se “desprendan” de lo que guardaban para su autoconsumo y que bien puede representar 25-30mil TM que se destinarían a cubrir la demanda externa, pero eso implica que el precio en campo nuevamente suba a valores de S/ 7.00 a S/ 7.50 por Kg (equivalente a un FOB de USD 3.50 por Kg). Si la situación persiste, y como las siembras realizadas normalmente entre setiembre y octubre para cosecha de abril 2021 ya se deberían haber realizado, no dudo que los precios para inicios de 2021 serán otra vez espectaculares.

Una visión a largo plazo del negocio es bastante ondulante e incierta, ya que el principal componente del precio es la oferta total, obtenida como producto tanto de las siembras Andinas (P+B) como Extra-Andinas (que ya son más de 50 países sumados al desarrollo de siembras de quinua en los 5 continentes) y, al ser la quinua un cultivo no perenne y de muy corto periodo vegetativo (4 a 7 meses dependiendo de los climas donde se siembre), la planificación de siembras del año siguiente puede ser cambiada con facilidad, teniendo como principal motivación el precio que se le paga al agricultor durante el 3er trimestre de cada año (previo a la época de siembra). Esto provoca que se entre en un círculo vicioso similar a “¿qué es primero?, ¿el huevo o la gallina?”, ya que el precio sube si las cosechas no fueron suficientes y, si el precio es bueno hacia los meses de agosto- setiembre, los agricultores incrementan sus áreas sembradas para la cosecha del siguiente año.He tratado de simular un escenario que responde a los factores que motivan a los agricultores a incrementar sus siembras y, en base a eso y a la demanda esperada, se obtiene un precio acorde a las leyes de oferta y demanda, que ayude a consumir las cosechas, obteniendo así el cuadro detallado a continuación para los siguientes 10 años:

Cualquiera de las dos realidades extremas, señaladas en los escenarios planteados, es posible; ya que nadie puede garantizar que la demanda internacional continúe creciendo a un ritmo de más de 15% anual, así como tampoco podemos controlar las áreas que se intentarán sembrar en otros países y las mejoras en productividad que éstos puedan obtener gracias al uso de tecnología agrícola. De lo único que podemos estar seguros es de que las cosechas de P+B no superarán las 210mil TM anuales (siendo esa la cifra récord registrada en 2015) y, mientras la productividad del campo (sobre todo en zonas Andinas) no mejore a niveles por encima de 1,000Kg/ha, esa será la realidad que marque el patrón de cosechas en Perú y Bolivia.

Sin embargo, las áreas de siembra en Perú fuera de los Andes, como por ejemplo las pampas arequipeñas (San Camilo/San Jose/La Joya, Santa Rita de Siguas y Pedregal/Majes), permiten, gracias a su clima templado y seco, que se logren rendimientos superiores a los 4,500Kg/ha; pero con un costo agrícola elevado, ya que se trabaja sobre irrigaciones, donde los terrenos son caros y el costo de la mano de obra, debido a la competencia que se tiene con otros cultivos (frutales de exportación) que permiten mejores márgenes y aprovechan la estabilidad del clima arequipeño para obtener ventanas de cosecha diferentes a lo que usualmente ocurre en las irrigaciones norteñas, también.

Como corolario de este análisis, se puede decir que a futuro se prevé un incremento de la demanda, mismo que será sostenido pero que nadie puede asegurar por cuantos años, por lo que el monitoreo de los hábitos de consumo en esta nueva normalidad post COVID-19 es de suma importancia, así como tener los márgenes sincerados en destino. Era anecdótico ver, durante el 2017, precios FOB de USD 2.50 por Kg, mientras que en las góndolas de los supermercados de destino el Kg de quinua embolsada (presentación retail por 1/2lb) era de aproximadamente USD 3.99 (el equivalente a USD 17.57 por Kg).

Ese vaivén en el precio de la materia prima es lo que va a determinar la rentabilidad del negocio, por lo que es casi imposible arriesgarse a contratos de largo plazo sin tener asegurado el abastecimiento a precio definido (cosa que no es muy común en los agricultores). Es por ello que la alternativa de incursionar en siembras propias (así no sean orgánicas) puede determinar tener un volumen asegurado, a un costo agrícola definido, y estar en capacidad de intentar atacar un mercado institucional, para abastecer a las industrias alimenticias que cada vez más incluyen a la quinua o sus derivados dentro de sus formulaciones de productos “saludables”. El problema es que ese mercado es uno en donde no se paga precio por las bondades físicas que pueda ofrecer el grano (apariencia), y se compite con los otros países que se están sumando a la oferta mundial de quinua (India lo hizo desde 2018), por lo que el precio va a ser lo más importante al salir a competir. Lo antes expuesto obligará a que las cadenas de abastecimiento locales sean cortas (lo más cortas posibles). En la actualidad existen muchas manos entre el agricultor andino, que tiene 1.0ha en promedio, y su producción reducida hace necesaria la presencia de una serie de mayoristas o acopiadores. Estos consolidan producciones en un área geográfica, para que sean luego trasladadas a plantas de procesamiento (generalmente propiedad de otros actores de la cadena) y que, finalmente, son quienes ofrecen el producto terminado o semi-procesado a los exportadores de granos andinos, que son los que tienen los contactos con las empresas importadoras grandes de USA y Europa. De tres a cinco manos después del agricultor hasta que llega a exportarse.

La situación ideal, planteada como modelo de negocios para la siguiente década, sería que una misma empresa exportadora tenga su propia planta de procesamiento y haga la inversión necesaria para integrarse verticalmente hacia el campo con no menos de 200ha; lo que supone una compra de terrenos agrícolas del orden de los USD 2.0M y hacerlas productivas con un costo directo de USD 1.00 x kg de quinua cosechada, lo que luego del procesamiento, insumos, mermas respectivas y gastos logísticos de exportación, puede tener un costo total no mayor a los USD 1.70 FOB, dejando la diferencia hacia arriba contra el precio de mercado como el margen de contribución por Kg de quinua perlada exportada. Estimo que pueden ser USD 14,000/FCL y, teniendo en cuenta que 200ha representan una cosecha que cubre la preparación de más o menos 40 FCL/año, se puede tener una utilidad bruta de USD 560mil anuales, y destinar el excedente de la capacidad instalada de planta a trabajar con materia prima acopiada a precios de mercado (en campo) y que va a contribuir a cubrir el punto de equilibrio de la planta procesadora, más que a generar utilidades adicionales.


7 Tener en cuenta que la data que se obtiene de ADUANAS se refiere al volumen exportado en peso de Producto Terminado (grano perlado), mientras que el análisis que he venido haciendo es en el equivalente a grano trillado. Merma normal en Perú 15%, merma normal en Bolivia 12%