Macroeconomía mundial en pandemia

Los efectos a nivel mundial de la pandemia han llevado a una lucha desesperada por promulgar políticas económicas que, hace unos meses, eran impensables. Como resultado de estas políticas, en casi todos los países, se viene produciendo un cambio profundo en la economía. Así como el keynesianismo marcó una época de estímulos monetarios, también hemos visto tendencias de políticas económicas donde el monetarismo, de Milton Friedman, le dio un nuevo aspecto austero a la macroeconomía mundial. En esta nueva época, según describe The Economist, existen cuatro características particulares.

La primera es la escala descomunal de los préstamos gubernamentales y que, hasta ahora, no parece tener límites. Según datos del FMI los países ricos tomarán prestado el 17% de su PBI combinado, para financiar 4.2 billones de dólares en gastos y recortes de impuestos diseñados para mantener la economía en marcha. En Estados Unidos se continúa con la aprobación de estos paquetes de estímulos y en la Unión Europea, con el respaldo de Francia y Alemania, la semana pasada se llegó a un acuerdo de un paquete de ayuda de 869 billones de dólares.

La segunda característica es la creación de dinero por medio de “la maquinita” (emisión de dinero). En Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea y Japón, los bancos centrales han emitido dinero por un valor de 3.7 billones de dólares en 2020. Gran parte de esta creación de dinero se utiliza para comprar deuda pública, lo que significa que los bancos centrales financian tácitamente el paquete de estímulos.

La tercera característica es que el estado, para evitar una crisis crediticia, comienza a asignar el capital a las empresas. En los Estados Unidos la Reserva Federal, en conjunto con el Tesoro, han entrado a los mercados financieros comprando bonos de AT&T, Apple e incluso Coca Cola; además de varias empresas medianas o sin fines de lucro. La FED y el tesoro americano ahora compran el 11% del stock total de deuda comercial de Estados Unidos.

La característica final tiene que ver con la baja inflación. La falta de presión hacia el alza de los precios significa que no hay necesidad de parar esta emisión desenfrenada de los bancos centrales de reserva (como en épocas anteriores). Por lo tanto, la baja inflación es la razón fundamental para no preocuparse de la deuda pública. Gracias a una política monetaria flexible, ahora cuesta tan poco el servicio de deuda que parece dinero gratis.

En nuestro país se han trabajado algunas de estas cuatro características de la macroeconomía mundial. Considero que, en el gasto, aún hay mucho por hacer para llegar con ayuda monetaria a todas las personas y empresas, sobre todo en una economía tan informal. En el caso del mercado de capitales, lamentablemente no se ha hecho nada por comprar emisión de deuda de corto o largo plazo. Existe una inacción por parte del gobierno que provoca que, por ejemplo, el mercado alternativo de valores (MAV) se vea cada vez más débil por la falta de inversionistas. Una última reflexión es que, en economía, “no hay lonche gratis”, en algún momento todos estos programas de estímulos, emisiones y deudas, se van a tener que pagar. Seamos conscientes de que, para salvar las economías de los países, estamos hipotecando el futuro de las próximas generaciones.